05 Jun Violencia emocional y psicológica: tan grave como el maltrato físico
La violencia emocional y psicológica, a pesar de que muchas veces no se ve, puede causar tanto daño como las agresiones físicas. Aunque no recibas golpes, puedes estar siendo maltratada.
Si tu pareja te da una bofetada está claro que es violencia de género, pero si te dice “nunca te enteras de nada, eres una inútil” eso también es violencia de género.
El control es violencia.
La manipulación es violencia.
Los insultos son violencia.
Las amenazas son violencia.
¿Cómo sé si un conflicto de pareja es “normal” o hay violencia de género?
En un conflicto de pareja “normal” ambas partes se tratan mal, tienen dificultad para comunicarse y las agresiones verbales ocurren de parte y parte. En cambio, en la violencia psicológica sexista hay una desigualdad de género evidente: el hombre piensa o cree en la superioridad masculina y en su derecho a ejercer la autoridad sobre la mujer, con quien pretende establecer una relación de dominio.
Para el maltratador, la mujer no es “su igual” sino alguien que está a su servicio. En este sentido, el detonante de las discusiones suele ser que la mujer no ha hecho algo o lo ha hecho de forma diferente a las expectativas, deseos u opiniones del maltratador.
Violencia emocional y psicológica: estrategias de control
De acuerdo con la investigación de Trinidad N. Soria López, psicóloga clínica y docente, las principales estrategias de control que utilizan los maltratadores psicológicos contra sus víctimas son:
- Degradación: reducir o rebajar el valor esencial e inherente de la persona.
- Ponerse a la defensiva: trasladar la responsabilidad de las conductas violentas a las víctimas.
- Distorsión de la realidad: esfuerzos por transformar la percepción de la realidad que tiene la mujer: su juicio, conciencia y memoria.
- Sobrecarga de responsabilidades: exigir que se haga cargo por entero de los problemas y responsabilidades compartidas.
- Privación: limitar o reducir la posibilidad de satisfacer las necesidades básicas (personales, sociales, laborales, académicas, etc.)
- Intimidación: causar o infundir miedo.
- Cosificación: convertir a la persona en un objeto, carente de necesidades, deseos, posibilidades o elecciones propias.
Algunas de estas estrategias de control pueden ser muy claras y directas, pero otras se muestran más sutiles e indirectas, y allí radica uno de sus mayores peligros: no son fáciles de identificar.
El maltratador no te dirá: “te prohíbo que veas a tal persona o que hagas tal o cual cosa”, pero te hace sentir su enfado, genera situaciones de tensión o asume el papel de víctima abandonada, hasta que finalmente, para evitar el conflicto, desistes de ver a esa persona o de hacer esa actividad. Según su creencia machista, relacionarte con otras personas o hacer cosas que no lo involucren a él es una prueba de desamor.
¿No estás segura de si en tu relación de pareja estás sometida a alguna de estas estrategias de control? En ese caso, puedes responder a las siguientes preguntas:
¿Estoy sufriendo violencia emocional y psicológica?
¿Te trata como si fueses inferior, estúpida e inútil? ¿Te insulta? ¿Critica tu cuerpo, imagen o apariencia física? ¿Te hace reproches constantes por los errores que puedas cometer? ¿Desprecia o ridiculiza aquello que es valioso para ti ? ¿Se burla de ti?
¿Tiene malas palabras y actitudes hacia tu familia de origen? ¿Minimiza o resta importancia a sus conductas violentas diciendo que eres una exagerada? ¿Atribuye su violencia a causas ajenas a su control? ¿Te chantajea emocionalmente haciéndose la víctima? ¿Te manipula a través de su mal humor?
¿Se comporta como si fuese el dueño de la casa? ¿Te trata como si tuvieses que estar siempre disponible y a su servicio? ¿Exige el cumplimiento de las tareas domésticas como si fuesen una competencia exclusivamente tuya? ¿Cree que su descanso es imprescindible y el tuyo, opcional? ¿Pretende que adivines sus pensamientos, deseos o necesidades, y se enfada si no lo haces?
¿Controla tus horarios y salidas, decidiendo adónde puedes ir y con quién? ¿Prohíbe o sabotea tus relaciones familiares y sociales, generando situaciones incómodas para que las demás personas se alejen de ti? ¿Controla tu dinero? ¿Toma decisiones familiares importantes sin contar con tu opinión?
¿Amenaza con hacerte daño a ti, a tus seres queridos o a tus cosas? ¿Se dirige a ti con gestos, miradas, posturas o tonos de voz amenazantes? ¿Te acosa y vigila? ¿Rompe objetos, golpea paredes, da portazos? ¿Maltrata a las mascotas? ¿Ignora tu presencia y lo que dices? ¿Te niega la palabra para castigarte?
¿No toma en cuenta tus deseos o necesidades durante las relaciones sexuales? ¿Te da órdenes constantemente y te exige obediencia?
La violencia que no acaba
A diferencia del maltrato físico, que acaba cuando logras alejarte, la violencia emocional y psicológica puede extenderse más allá de la ruptura de la relación.
Si en algún momento el maltrato psicológico muestra toda su crueldad es durante los procesos de divorcio. Muchos maltratadores, con la intención de seguir haciendo daño, intentarán instrumentalizar a las criaturas para continuar el acoso hacia la mujer.
La violencia emocional y psicológica difícilmente llegará a un juzgado porque es muy difícil de documentar. Pero si tienes pruebas escritas (mensajes de WhatsApp, correos electrónicos, etc.), guárdalas bien. Puede que te hagan falta.
Para más información sobre salud mental y violencia de género:
GUÍA DE PRÁCTICA CLÍNICA: ACTUACIÓN EN SALUD MENTAL CON MUJERES MALTRATADAS POR SU PAREJA
