25 Abr Ni refugio, ni asilo: ser lesbiana y migrante es vivir entre violencias
En al menos 64 países, ser lesbiana es ilegal y hasta en seis de ellos puede implicar la pena de muerte. En diciembre del año pasado, Mali decidió renovar la ley que castiga los actos sexuales consentidos entre personas adultas del mismo sexo. Un mes antes, Burkina Faso anunció que estudia la posibilidad de restablecer la pena de muerte para delitos como la homosexualidad, de acuerdo con los últimos datos ofrecidos por la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ILGA). Cuando ser tú misma es delito, la alternativa es buscar refugio o asilo; pero al cruzar la frontera, el miedo no se va, solo cambia de forma, porque ser lesbiana y migrante es vivir entre violencias.
El sistema de asilo en España y las personas LGTBI
En España, a pesar de que se trata de un país mayoritariamente tolerante, el sistema de asilo no está preparado para atender a los refugiados LGTBI. El Estado opera bajo una lógica etnocéntrica y cis-heteronormativa [es decir, que todas las personas encajan en una estructura binaria de género (hombre o mujer) y que las relaciones heterosexuales son la única forma de vínculo afectivo y sexual] que tiende a patologizar la homosexualidad y la transexualidad.
Según un estudio realizado por el Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB), la evaluación de la “credibilidad” de los solicitantes de asilo se basa en criterios de coherencia, verosimilitud y no contradicción. Estas pautas ignoran las particularidades y los traumas asociados a la persecución por orientación sexual. Además, el sistema tiende a tratar al colectivo como una realidad homogénea, sin reconocer la diversidad. Especialmente en el caso de las lesbianas, bisexuales, transgénero e intersexuales.
Discriminación por orientación sexual y raza
En este sentido, y de acuerdo con el mismo estudio del CIDOB, las mujeres lesbianas migrantes en España han reportado episodios de discriminación por parte del personal sanitario, sobre todo en revisiones ginecológicas, y de falta de formación del personal en temas de salud que son sensibles para el colectivo. Solo el 11,9% de las mujeres encuestadas indicó que los servicios que utilizaban consideraban su identidad y orientación sexual en los protocolos de atención, como se muestra en el tercer informe cuantitativo sobre violencia hacia mujeres migrantes (2024), realizado por AIETI.
Aunque el 90% de los españoles cree que las personas LGB deberían tener los mismos derechos que las personas heterosexuales (el promedio de la Unión Europea es del 71%), las agresiones y violencia contra la gente del colectivo ha aumentado. En 2023 se investigaron 2.268 delitos de odio, un 21,3 % más que el año anterior, de acuerdo con cifras del Ministerio del Interior. De estos, 522 casos estuvieron relacionados con la orientación sexual e identidad de género, siendo uno de los grupos más afectados junto con las personas migrantes y racializadas.
A mediados de abril, la Asociación Lesbiana, Gay, Trans, Bisexual e Intersexual de las Islas Baleares, Ben Amics, presentó un informe que reflejaba que el 56,23% de las personas migrantes de la zona se han sentido discriminados por ser LGTBI+ y migrante. Además, el 14,1% afirma que no considera que esté en igualdad de condiciones para acceder a servicios, ayudas o recursos, en comparación con el resto de la población.
En cuanto a la vivienda, un 32,4% experimenta discriminación por su condición migrante, mientras que un 14,1% también vive esta marginación por ser LGTBI+.
En Europa también hay violencia
Pero la violencia no termina al cruzar la frontera. En Europa, muchas siguen enfrentando silencios, exclusión y miedo. En el Viejo Continente aún existen seis países donde las personas del colectivo no tienen ninguna protección contra la discriminación. De acuerdo con el índice anual Rainbow Europe de ILGA-Europe, la libertad de reunión y asociación está restringida o bajo ataque en al menos 13 países. Además, las prácticas de reconversión están prohibidas únicamente en 10 estados. En cuanto al matrimonio igualitario, únicamente está aprobado en 21 países y solo seis naciones reconocen la paternidad trans.
La Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea reveló, en un informe, que al menos un 50% de las personas del colectivo ha experimentado situaciones de acoso debido a su orientación sexual o identidad de género.
Ni asilo ni refugio: violencias en la ruta migratoria
Los riesgos e incidentes que enfrentan las personas del colectivo no solamente ocurren en el país receptor, sino que también están presentes a lo largo de las rutas migratorias, según un informe realizado por Mixed Migration Centre. Casi todas las personas LGBTIQ+ encuestadas para el estudio coincidían en que existe un nivel “alto o muy alto” de exposición a riesgos de violencia en tránsito, y la gran mayoría informó haber experimentado algún tipo durante su viaje, principalmente en México y Guatemala.
En la mayor parte de los casos, en un 51%, las personas reportaron comentarios negativos u ofensivos durante la ruta, seguido muy de cerca por la discriminación social y el aislamiento (45%). El tercer motivo fue la presión para esconder su orientación sexual o de género (39%) en el trayecto.
Asesinatos y delitos de odio
Antes de huir, las personas LGTBIQ+ experimentan, en gran medida, episodios de violencia relacionados con su orientación sexual, identidad de género, expresión de género y características sexuales, según informó el Mixed Migration Centre. Esto es, junto con el factor económico, uno de los motivos principales para exiliarse.
En Argentina se han reportado al menos tres ataques brutales contra lesbianas a lo largo del país desde que comenzó el 2025. No obstante, un evento que marcó un antes y un después fue el asesinato de cuatro mujeres en una pensión en el barrio de Barracas, en Buenos Aires, en 2024. En mayo de ese año, un hombre arrojó una botella de líquido inflamable prendiéndole fuego las cuatro mujeres pobres y lesbianas, de las cuales tres murieron.
Este no ha sido el único lesbicidio. Catorce años antes, en 2010, Natalia Gaitán, “Pepa”, fue asesinada de un disparo a quemarropa por el padrastro de su novia en Córdoba, Argentina. Fue un delito de odio impulsado por la orientación sexual de la víctima y su relación sentimental con la hijastra del asesino, que no aceptaba la unión entre ambas. Sin embargo, la justicia argentina no lo calificó de lesbicidio y Daniel Torres fue condenado por “homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego”.
Terapias de conversión
Otras de las violencias a las que el colectivo hace frente en sus países de origen son las terapias de reconversión. VICE: Español entrevistó en 2020 a cuatro personas que se habían visto sometidas a estas prácticas. Entre ellas, Julieta y Rita, dos mujeres lesbianas. La primera, que ahora tiene 28 años, fue enviada con 13 años a un terapeuta de la iglesia cuando su madre leyó su diario y descubrió su orientación sexual. “Yo pensé que era una psicóloga real. Me quitaron el acceso a internet. Ahí comenzó todo. La ‘terapeuta’ me dijo que tenía una ‘herida del alma'”, le relató a la revista.
Con 16 años, Rita asistió a un retiro religioso de forma forzosa Ahí, le vendaron los ojos, la aislaron y le dijeron que ser lesbiana era una perversión causada por no tener padre. La obligaron a escuchar insultos, pasar hambre, no dormir y rezar para “curarse”. Ella aún no había salido del armario, pero sus familiares y el grupo la diagnosticaron como “neurótica con tendencias depravadas”, marcando un antes y un después en su vida.
Ser lesbiana y migrante es vivir entre violencias
Se estima que un 9% de la población mundial se identifica como parte del colectivo LGTBI. Eso significa casi 730 millones de personas. Si asumimos que cerca de la mitad son mujeres —sin olvidar que muchas otras escapan del binarismo—, estaríamos hablando de más de 360 millones de mujeres lesbianas, bisexuales o disidentes que enfrentan día a día las violencias del patriarcado y la homofobia.
360 millones de razones para exigir justicia, visibilidad y protección.
Este 26 de abril, Día de la Visibilidad Lésbica, gritamos: ¡Vivas, libres y visibles nos queremos!
A todas las mujeres lesbianas que migran por ser quienes son: no estáis solas. Hoy, la memoria y la rabia se vuelven resistencia.
#BastaDeViolencia: contra la violencia de género es un proyecto de sensibilización para fortalecer la igualdad y el respeto en nuestra comunidad, financiado por la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género.
