04 Sep Micromachismos: una violencia cotidiana e invisible
El diccionario de la Real Academia Española define los micromachismos como una “forma de machismo que se manifiesta en pequeños actos, gestos o expresiones habitualmente inconscientes”. Pero, cuidado, estos actos, pequeños en apariencia, ayudan a mantener el desequilibrio de poder en la pareja y pueden causar un importante daño psicológico en la mujer.
Los micromachismos son el caldo de cultivo en el que se reproducen las demás formas de la violencia de género (violencia física, sexual, maltrato psicológico y emocional, violencia económica y la facilitada por la tecnología). No por “micro” estas violencias son menos peligrosas. Y las mujeres migrantes, debido a los obstáculos sustanciales que enfrentan, son más susceptibles de sufrir este tipo de violencia.
Micromachismos: la violencia de lo cotidiano
El concepto de micromachismos fue acuñado por el psiquiatra Luis Bonino, que lo describe de este modo:
“Si pensamos que la violencia de género es toda acción que coacciona, limita o restringe la libertad y dignidad de las mujeres, podemos comprobar que quedan ignoradas múltiples prácticas de violencia y dominación masculina en lo cotidiano, algunas consideradas normales, algunas invisibilizadas y otras legitimadas, y que por ello se ejecutan impunemente”.
Alejados de la violencia tradicional más evidente, aunque compartiendo el propósito de mantener sometida a la mujer, los micromachismos son microabusos o microviolencias, conscientes o no, que el hombre utiliza, en el marco de una relación de pareja, para perpetuar el dominio masculino. Los micromachismos crean una red que sutilmente atrapa a la mujer, atentando contra su autonomía personal. En el caso de las mujeres migrantes o refugiadas, debido a las particulares dificultades que enfrentan, como la falta de red, las dificultades lingüísticas o culturales y la situación administrativa, los micromachismos pueden verse agravados por los prejuicios y la xenofobia.
Los micromachismos comprenden un amplio abanico de comportamientos masculinos en el día a día de la relación de pareja, que se manifiestan como formas de presión de baja intensidad o más o menos sutiles y que persiguen:
- Imponer y mantener el dominio y la supuesta superioridad sobre la mujer.
- Reafirmar o recuperar dicho dominio ante la mujer cuando esta se “rebela”.
- Resistirse al aumento de poder personal o interpersonal de la mujer con la que se vincula.
- Aprovecharse del “trabajo cuidador” de la mujer.
Tipos de micromachismos
Bonino clasifica los micromachismos en cuatro tipos: coercitivos, encubiertos, utilitarios y de crisis.
Los micromachismos coercitivos consisten en intimidar, insistir de manera abusiva, controlar, apelar a la supuesta superioridad de la lógica masculina y desvalorizar las expresiones emocionales de la mujer llamándole “sensible” o “exagerada”, o decirle “no es para tanto”.
Algunos de los comportamientos que caracterizan a los micromachismos encubiertos son el castigo de silencio, la desautorización, el paternalismo y la manipulación emocional. Un hombre micromachista no le prohíbe a la mujer que salga con determinadas personas, pero si ella se atreve la castigará con el silencio o haciéndose la víctima.
Los micromachismos utilitarios son los más invisibles y naturalizados. Se basan en la falsa creencia de la superioridad masculina, salvo para todas aquellas funciones que impliquen cuidados o labores domésticas. Solo allí el micromachismo reconoce la superioridad de la mujer, obteniendo así la ganancia para los hombres de más tiempo libre. Muchos hombres se desentienden de las tareas del hogar “porque ellas lo hacen mejor” y se limitan a “ayudar”, sin asumir una corresponsabilidad real en las faenas de casa y los cuidados de la infancia y las personas mayores.
Por último, los micromachismos de crisis son aquellos que emergen cuando la relación de pareja se desequilibra a favor de la mujer o esta reclama mayor igualdad. El hombre evita el cambio de estatus a través del victimismo, la desvalorización de los logros de la mujer o el fingimiento de que se está de acuerdo con una mayor igualdad, pero no ejecuta acciones concretas en ese sentido.
Pequeñas violencias “sin importancia”
- La creencia de que hacer deporte o ir al gimnasio es una necesidad masculina irrenunciable, mientras que para la mujer es opcional.
- Cuando la familia sale de viaje la mujer es la encargada de hacer su propia maleta, la de los hijos y la del marido ante la supuesta incapacidad de éste para ser un adulto funcional. “Cariño, ¿dónde pusiste mi cepillo de dientes?”.
- No “construir” intimidad, sino imponerla: si la mujer no está sexualmente disponible para el hombre, habrá un castigo de silencio o un enfado.
- Los hombres que hacen la compra, pero solo previa confección de la lista por parte de la mujer, con la carga mental que esto supone.
- En la mayoría de las parejas heterosexuales si ambas personas tienen el carnet de conducir casi siempre será el hombre el que se ponga al volante.
- En las parejas con hijos pequeños, durante los fines de semana o en las vacaciones los hombres tienen el privilegio de tomarse la siesta, mientras que las mujeres se quedan a cargo de las criaturas.
- Después del nacimiento de un bebé, la presión del hombre por “volver a la normalidad”, intentando que el recién nacido duerma solo en su habitación lo más pronto posible y saboteando la lactancia para recuperar cuanto antes a su mujer como compañera sexual.
- Desentenderse de los temas de salud y escolares de los hijos.
- Creer que tirar la basura por las noches y comprar el pan los domingos es una actitud corresponsable.
Hacer visible lo invisible
Es evidente la sobrecarga física y psíquica de las mujeres, la llamada “carga mental” a que son sometidas en muchas relaciones de pareja en las que los micromachismos son el pan de cada día, con el consecuente impacto sobre la salud mental y en su desarrollo como seres autónomos y libres. Como afirma Bonino:
“Creo que es importante develar estos mecanismos como parte de la tarea de hacer un análisis crítico de las injusticias de la vida cotidiana. Si pensamos desde una óptica de igualdad entre los géneros, visibilizarlos es un primer paso para intentar su neutralización y posterior desactivación en las relaciones entre mujeres y varones, para contribuir a modificar los juegos de dominio y permitir el desarrollo de relaciones más cooperativas, honestas e igualitarias en derechos y obligaciones”.
El gran poder de los micromachismos es su normalización e invisibilidad. Por eso es tan importante nombrarlos y hacerlos patentes: para evitar que sigan pasando desapercibos. Hacer conscientes los micromachismos es el primer paso para derrotarlos.
