20 Feb ¿Estás libre de tener estereotipos de género?
Los estereotipos de género son ideas, creencias o expectativas dominantes entre los miembros de una sociedad sobre lo que, supuestamente, es propio o característico de ser un hombre y lo que es propio o característico de ser una mujer.
La palabra estereotipo procede del griego y literalmente significa “molde sólido”. Así, los estereotipos de género son esos moldes en los que una sociedad pretende encajar a los hombres y a las mujeres en lo que se considera típico de lo masculino y de lo femenino.
Al construirse en sociedades patriarcales que otorgan supremacía a los hombres en detrimento de las mujeres, los estereotipos de género, por su naturaleza dicotómica y jerárquica, tienden a perpetuar un sistema social basado en la dominación masculina.
Por ejemplo, un hombre que dimite de sus funciones parentales de cuidado para ver un partido de fútbol actúa de este modo porque “los hombres son así”. En cambio, de una mujer se espera que sea capaz de sacrificar cualquier actividad para cuidar de los hijos, porque “las mujeres son así”.
Si un hombre suele dar prioridad a sus propios intereses lo hace porque “así es la naturaleza masculina”, pero si una mujer se comporta de manera semejante, poniéndose a ella por delante será llamada egoísta o ella misma se sentirá culpable.
¿Siguen vivos los estereotipos de género en el siglo XXI?
En el molde de los hombres o de las cualidades masculinas se espera que entren características como la fuerza, el liderazgo o la racionalidad; mientras que en el molde de las mujeres o de las cualidades femeninas cabe esperar propiedades como la empatía, la emocionalidad o la capacidad de cuidar.
Y, por increíble que parezca, estos estereotipos siguen teniendo plena vigencia. En un estudio reciente llevado a cabo por Marta Fraile, del Instituto de Políticas y Bienes Públicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y Paula Zuluaga, del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), se encontró que los hombres tienden a autoidentificarse en mayor medida con rasgos como el liderazgo y el emprendimiento, y las mujeres con rasgos como la empatía y los cuidados.
Los resultados de esta investigación sugieren, a pesar de los avances en la promoción de la igualdad entre hombres y mujeres, la persistencia de estereotipos de género en nuestra sociedad, los cuales siguen influyendo en las percepciones y decisiones de la ciudadanía.
Estereotipos de género y derechos humanos
Los estereotipos de género, al entender que los grandes asuntos públicos son “cosas de hombres” y los pequeños asuntos privados son “cosas de mujeres” contribuyen a mantener un sistema en el que la repartición del poder sigue sufriendo un gran desbalance a favor de ellos y en contra de ellas.
Quizás el grado sumo en el que los estereotipos de género constituyen un peligro tiene que ver con la naturalización de las conductas violentas. Si papá se enfada y da un golpe a la mesa, su conducta violenta se enmarca en el hecho de que “así son los hombres”, pero si lo hace mamá, se convierte en “una histérica”.
Los estereotipos de género, que pueden ser conscientes o no, se basan en una necesidad psicológica: la de categorizar la realidad para manejar la incertidumbre. Pero al ser simplificaciones y generalizaciones excesivas de la diversidad de la experiencia humana, los estereotipos excluyen a las personas diferentes que no se ajustan al molde, y pueden servir como base a conductas discriminatorias, a situaciones de desigualdad y a violaciones de derechos humanos.
“Un estereotipo de género es perjudicial cuando limita la capacidad de las mujeres y los hombres para desarrollar sus capacidades personales, seguir sus carreras profesionales y/o tomar decisiones sobre sus vidas”, sostiene la ONU.
Los prejuicios sobre las mujeres pueden constituir una violación de los derechos humanos cuando, por ejemplo, no se castiga judicialmente la violación por parte del marido al considerar que los hombres tiene derecho a utilizar sexualmente a la esposa, o se absuelve a un violador porque la mujer “lo provocó” por su forma de vestir o comportarse.
Niñas de azul, niños de rosa
Por suerte, los estereotipos de género han ido perdiendo su robustez, en la medida en que la sociedad cada vez se hace más abierta a la idea de que hay muchas formas de ser hombre o de ser mujer. Los moldes estrechos no son capaces de contener a todas las opciones, menos las de aquellas personas que ni siquiera se sienten hombre o mujer: personas intersexuales, transexuales, transgénero, queer o personas no binarias. A fin de cuentas, ¿por qué conformarnos solo con dos colores si hay un arcoíris de posibilidades?
Ninguna persona está libre de los estereotipos de género. Por ello es recomendable prestar atención a nuestra propia forma de valorar los comportamientos ajenos. Por ejemplo, cuando llamamos “padrazo” a un padre implicado en la crianza de sus hijos, mientras que una mujer nunca será una “madraza”, puesto que sus labores de cuidados son lo esperado.
O cuando ante una intervención quirúrgica esperamos que “el médico” haga bien su trabajo, a pesar de que las mujeres cirujanas tienen una mejor tasa de supervivencia para sus pacientes.
Cada sociedad asigna un contenido diferente al molde de lo masculino y lo femenino, a la idea de lo que es “ser mujer” o “ser hombre”. Sin embargo, en un planeta con ocho mil millones de seres humanos, dos moldes, uno rosa y otro azul, lucen claramente insuficientes.
#BastaDeViolencia: contra la violencia de género es un proyecto de sensibilización para fortalecer la igualdad y el respeto en nuestra comunidad, financiado por la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género.

